sábado, 30 de mayo de 2009

Artaud - Carta a los poderes

CARTA A LOS PODERES
Antonin Artaud

INTRODUCCION
En 1920, a la edad de 24 años, Antonin Artaud llega a París con la intención de consagrarse al teatro. Se vincula entonces con Charles Dullin que acaba de fundar el "Théâtre de l'Atelier", participando como actor, decorador y realizador. Hace ya tiempo que Artaud se interesa en las actividades del grupo surrealista. En 1923, en el atelier de André Masson, entra en contacto con Robert Desnos, Michel Leiris y Miró, quienes poco tiempo más tarde lo presentan a André Breton y al grupo surrealista que acaba de organizarse alrededor del Primer Manifiesto. Es la época de la aparición de "La Revolución Surrealista", órgano del movimiento. Adhiere inmediatamente y se convierte en uno de los principales portavoces de la ideología: "A pesar del poco tiempo
transcurrido desde que Artaud se había unido a nosotros,nadie, como él, supo entregarse tan espontáneamente al servicio de la causa surrealista... Lo poseía una especie de furor que no perdonaba, por así decir, ninguna de las instituciones humanas, pero que podía, ocasionalmente,
resolverse en un estallido de risa por el que pasaba todo el desafío de la juventud. No sorprende que este furor, por el enorme poder de contagio que poseía, haya influido profundamente en la trayectoria surrealista..." (André Breton,"Entretiens", Gallimard, 1952).
A comienzos del año 1925 el grupo fund a una "Centralde Investigaciones Surrealistas", cuyo objetivo inicial es "recoger todos los datos posibles en lo que concierne a las formas que puede adoptar la actividad inconsciente del espíritu". Artaud, al asumir poco después la dirección, se
esfuerza por convertirla en un centro de "reordenamiento" de la vida. "El surrealismo, más que creencias, registra un cierto orden de repulsiones. Es ante todo un estado de espíritu. No
determina recetas". El grupo le confía entonces la dirección del ejemplar N° 3 de "La Révolution Surréaliste", que hasta ese momento estaba a cargo de Péret y Naville. Artaud toma la iniciativa de redactar la mayor parte de los textos que se publican en ese número, dando un giro
inesperado al tono de la publicación. "Aquí el lenguaje se desprende de todo lo que podía darle un carácter ornamental, se sustrae a la "ola de sueños" de la que habló Aragón, y surge templado y resplandeciente, pero resplandeciente a la manera de un arma..." (Breton, op. cit.). Sus textos, impregnados de un abierto ardor insurreccional, están redactados en forma de cartas abiertas y dirigidos contra aquellas instituciones o sus representantes frente a los cuales
el surrealismo comienza a organizar ya su clamor de protesta. Para los fines de la presente edición, creímos justificado agruparlos bajo el título general de "Carta a los Poderes". Desde el primer texto "¡A la mesa!", que figura como editorial de la revista, una voz profética y exaltada por una violencia que inquietaba aún a sus propios compañeros, lanza un ataque frontal contra el "espíritu" lógico y sus "poderes" de opresión, que de siglo en siglo han ido instrumentando la
liquidación del hombre. En las cartas siguientes precisa los términos de su denuncia contra ese "espíritu" fabricado en las Universidades, reivindicado en los Hospicios y "transfigurado"
en Roma. Queda el llamado a un oriente dialéctico, a través de las cartas al Dalai Lama y a las Escuelas de Buda, donde podemos adivinar - a la luz del romanticismo surrealista - un
eco del "Viaje al Oriente" nervaliano. Pero no hay que apresurarse en reconocer aquí a un
oriente histórico, sino más bien a un "oriente interior", negación donde se transfiere todo lo que el occidente no es. Veinte años mas tarde, la voz de Artaud, convertida en grito después de su pasaje por el hospicio de Rodez, descargará con la violencia del anatema todas sus baterías contra ese oriente y su "espíritu" que como todo "espíritu" se aplicó en torturar a la vida. Estas cartas, junto con "L'Ombilic des limbres" y "Le pèse-nerfs" *, representan el comienzo de una
desgarradora experiencia, de una zambullida en su interioridad, interioridad que "está abierta por el vientre, y por abajo acumula una intraducible y sombría ciencia plena de mareas subterráneas, de edificios cóncavos y de una agitación congelada".




No podemos vivir eternamente rodeados de muertos y de muerte. Y si todavía quedan prejuicios hay que destruirlos. "El deber" digo bien "EL DEBER" del escritor, del poeta, no es ir a encerrarse cobardemente en un texto, un libro, una revista de los que ya nunca más saldrá, sino al contrario salir afuera para sacudir para atacar al espíritu público si no ¿para qué sirve?
¿Y para qué nació?
A. A.
1. ¡A la mesa!
Abandonad las cavernas del ser. Venid, el espíritu alienta fuera del espíritu. Ya es hora de dejar vuestras viviendas. Ceded al omnipensamiento. Lo Maravilloso está en la raíz del
espíritu. Nosotros estamos dentro del espíritu, en el interior de la cabeza. Ideas, lógica, orden, Verdad (con V mayúscula),
Razón: todo lo ofrecemos a la nada de la muerte. Cuidado con vuestras lógicas, señores, cuidado con vuestras lógicas; no imagináis hasta dónde puede llevarnos nuestro odio a la
lógica. La vida, en su fisonomía llamada real, sólo se puede determinar mediante un alejamiento de la vida, mediante un suspenso impuesto al espíritu; pero la realidad no está allí. No
hay, pues, que venir a fastidiarnos en espíritu a nosotros, que apuntamos hacia cierta eternidad suprarreal, a nosotros que desde hace ya tiempo no nos consideramos del presente y
somos para nosotros como nuestras sombras reales. Aquél que nos juzga no ha nacido al espíritu, a ese espíritu a que nos referimos y que está, para nosotros, fuera de lo que vosotros llamáis espíritu. No hay que llamar demasiado nuestra atención hacia las cadenas que nos unen a la
imbecilidad petrificante del espíritu. Nosotros hemos atrapado una nueva bestia. Los cielos responden a nuestra actitud de absurdo insensato. El hábito que tenéis todos vosotros de dar
la espalda a las preguntas no impedirá que los cielos se abran el día establecido, y que un nuevo lenguaje se instale en medio de vuestras imbéciles transacciones. Queremos decir: de las transacciones imbéciles de vuestros pensamientos. Hay signos en el Pensamiento. Nuestra actitud de absurdo y de muerte es la de mayor receptividad. A través de las hendiduras de una realidad en adelante no viable, habla un mundo voluntariamente sibilino.
2. Mensaje al Papa
No eres tú el confesionario, ¡oh, Papa!, lo somos nosotros; compréndenos y que los católicos nos comprendan. En nombre de la Patria, en nombre de la Familia, impulsas a la venta de las almas y a la libre trituración de los cuerpos. Entre nuestra alma y nosotros mismos, tenemos bastantes
caminos que transitar, bastantes distancias que salvar, para que vengan a interponerse tus tambaleantes sacerdotes y ese cúmulo de aventuradas doctrinas con que se nutren todos los
castrados del liberalismo mundial.A tu dios católico y cristiano que -como los otros dioses- ha
concebido todo el mal:
1. Te lo has metido en el bolsillo.
2. Nada tenemos que hacer con tus cánones, index, pecados, confesionarios, clerigalla; pensamos en otra guerra, una guerra contra ti, Papa, perro. Aquí el espíritu se confiesa al espíritu. De la cabeza a los pies de tu mascarada romana, triunfa el odio a las verdades inmediatas del alma, a esas llamas que consumen el espíritu mismo. No hay Dios, Biblia o Evangelio, no hay palabras que detengan al espíritu. No estamos en el mundo. ¡Oh Papa confinado en el mundo!,
ni la tierra ni Dios hablan de ti. El mundo es el abismo del alma, Papa contrahecho, Papa
ajeno al alma; déjanos nadar en nuestros cuerpos, deja nuestras almas en nuestras almas; no necesitamos tu cuchillo de claridades.
3. Mensaje al Dalai Lama
Somos tus muy fieles servidores, ¡oh Gran Lama!, concédenos, envíanos tu luz en un lenguaje que nuestros contaminados espíritus de europeos puedan comprender, y si es necesario cambia nuestro Espíritu, créanos un Espíritu vuelto por entero hacia esas cimas perfectas donde el Espíritu del Hombre ya no sufre. Créanos un Espíritu sin hábitos, un Espíritu cuajado verdaderamente en el Espíritu, o un Espíritu con hábitos más puros - los tuyos - si ellos son aptos para la libertad. Estamos rodeados de papas decrépitos, de profesionales de la literatura, de críticos, de perros; nuestro Espíritu está entre perros, que inmediatamente piensan a ras de tierra, que irremediablemente piensan en el presente. Enséñanos, Lama, la levitación material de los cuerpos, y cómo evitar ser retenidos por la tierra. Porque tú bien sabes a qué liberación transparente de las almas, a qué libertad del Espíritu en el Espíritu aludimos, ¡oh Papa aceptable!, ¡oh Papa del Espíritu verdadero! Con el ojo interior te contemplo, ¡oh Papa!, en la cumbre de lo interior. Es en ese interior donde me asemejo a ti, yo, germinación, idea, labio, levitación, sueño, grito, renunciamiento a la idea, suspendido entre todas las formas y a la espera sólo del viento.
4. Carta a los rectores de las universidades europeas
Señor rector:
En la estrecha cisterna que llamáis "Pensamiento" los rayos del espíritu se pudren como parvas de paja. Basta de juegos de palabras, de artificios de sintaxis, de malabarismos formales; hay que encontrar - ahora - la gran Ley del corazón, la Ley que no sea una ley, una prisión, sino una guía para el Espíritu perdido en su propio laberinto. Más allá de aquello que la ciencia jamás podrá alcanzar, allí donde los rayos de la razón se quiebran contra las nubes, ese laberinto existe, núcleo en el que convergen todas las fuerzas del ser, las últimas nervaduras del Espíritu. En ese dédalo de murallas movedizas y siempre trasladadas, fuera de todas las formas conocidas de ensamiento, nuestro Espíritu se agita espiando sus más secretos y espontáneos movimientos, esos que tienen un carácter de revelación, ese aire de venido de otras partes, de caído del cielo.
Pero la raza de los profetas se ha extinguido. Europa se cristaliza, se momifica lentamente dentro de las ataduras de sus fronteras, de sus fábricas, de sus tribunales, de sus universidades. El espíritu "helado" cruje entre las planchas minerales que lo oprimen. Y la culpa es de vuestros sistemas enmohecidos, de vuestra lógica de dos y dos son cuatro; la culpa es de vosotros, rectores, atrapados en la red de los silogismos. Fabricáis ingenieros, magistrados, médicos a
quienes escapan los verdaderos misterios del cuerpo, las leyes cósmicas del ser; falsos sabios, ciegos en el más allá, filósofos que pretenden reconstruir el espíritu. El más pequeño acto de creación espontánea constituye un mundo más complejo y más revelador que cualquier sistema
metafísico. Dejadnos, pues, Señores; sois tan sólo usurpadores. ¿Con qué derecho pretendéis canalizar la inteligencia y extender diplomas de Espíritu? Nada sabéis del espíritu, ignoráis sus más ocultas y esenciales ramificaciones, esas huellas fósiles tan próximas a nuestros propios orígenes, esos rastros que a veces alcanzamos a localizar en los yacimientos más oscuros de nuestro cerebro. En nombre de vuestra propia lógica, os decimos: la vida apesta, señores. Contemplad por un instante vuestros rostros, y considerad vuestros productos. A través de las cribas de vuestros diplomas, pasa una juventud demacrada, perdida. Sois la plaga de un mundo, señores, y buena suerte para ese mundo, pero que por lo menos no se crea a la cabeza de la
humanidad.
5. Carta a los directores de asilos de locos
Señores:
Las leyes, las costumbres, les conceden el derecho de medir el espíritu. Esta jurisdicción soberana y terrible, ustedes la ejercen con su entendimiento. No nos hagan reír. La credulidad de los pueblos civilizados, de los especialistas, de los gobernantes, reviste a la psiquiatría de nexplicables luces sobrenaturales. La profesión que ustedes ejercen está juzgada de antemano. No pensamos discutir aquí el valor de esa ciencia, ni la dudosa realidad de las enfermedades
mentales. Pero por cada cien pretendidas patogenias, donde se desencadena la confusión de la materia y del espíritu, por cada cien clasificaciones donde las más vagas son también las únicas utilizables, ¿cuántas nobles tentativas se han hecho para acercarse al mundo cerebral en el que viven todos aquéllos que ustedes han encerrado? ¿Cuántos de ustedes, por ejemplo, consideran que el sueño del demente precoz o las imágenes que lo acosan, son algo más que una ensalada
de palabras? No nos sorprende ver hasta qué punto ustedes están por debajo de una tarea para la que sólo hay muy pocos predestinados. Pero nos rebelamos contra el derecho concedido a ciertos hombres - incapacitados o no - de dar por terminadas sus investigaciones en el campo del espíritu con un veredicto de encarcelamiento perpetuo. ¡Y qué encarcelamiento! Se sabe -nunca se sabrá lo suficiente- que los asilos, lejos de ser "asilos", son cárceles horrendas donde los recluidos proveen mano de obra gratuita y cómoda, y donde la brutalidad es norma. Y ustedes toleran todo esto. El hospicio de alienados, bajo el amparo de la ciencia y de la justicia, es omparable a los cuarteles, a las cárceles, a los penales. No nos referimos aquí a las internaciones arbitrarias, para evitarles la molestia de un fácil desmentido. Afirmamos que gran parte de sus internados -completamente locos según la definición oficial- están también recluidos arbitrariamente. Y no podemos admitir que se impida el libre desenvolvimiento de un delirio, tan legítimo y lógico como cualquier otra serie de ideas y de actos humanos. La represión de las eacciones antisociales es tan quimérica como inaceptable en principio. Todos los actos individuales son antisociales. Los locos son las víctimas individuales por excelencia de la dictadura social. Y en nombre de esa individualidad, que es patrimonio del hombre, reclamamos la libertad de esos galeotes de la sensibilidad, ya que no está dentro de las facultades de la ley
el condenar a encierro a todos aquellos que piensan y obran. Sin insistir en el carácter verdaderamente genial de las manifestaciones de ciertos locos, en la medida de nuestra aptitud para estimarlas, afirmamos la legitimidad absoluta de su concepción de la realidad y de todos los actos que de ella se derivan. Esperamos que mañana por la mañana, a la hora de la visita
médica, recuerden esto, cuando traten de conversar sin léxico con esos hombres sobre los cuales -reconózcanlo- sólo tienen la superioridad que da la fuerza.
6. Carta a las escuela de Buda
Vosotros que no estáis en la carne, que sabéis en qué punto de su trayectoria carnal, de su vaivén insensato, el alma encuentra el verbo absoluto, la palabra nueva, la tierra interior. Vosotros que sabéis cómo uno da vueltas en el pensamiento y cómo el espíritu puede salvarse de si mismo.
Vosotros que sois interiores a vosotros mismos, que ya no tenéis un espíritu a nivel de la carne: aquí hay manos que no se limitan a tomar, cerebros que ven más allá de un bosque de techos, de un florecer de fachadas, de un pueblo de ruedas, de una actividad de fuego y de mármoles. Aunque avance ese pueblo de hierro, aunque avancen las palabras escritas con la velocidad de la luz, aunque avancen los sexos uno hacia otro con la violencia de un cañonazo, ¿qué habrá ambiado en las rutas del alma, qué en los espasmos del corazón, en la insatisfacción del espíritu? Por eso, arrojad al agua a todos esos blancos que llegan con sus cabezas pequeñas y sus espíritus bien manejados. Es necesario ahora que esos perros nos oigan: no hablamos del viejo mal humano. Nuestro espíritu sufre de otras necesidades que las inherentes a la vida. Sufrimos de una podredumbre, la podredumbre de la Razón. La lógica Europa aplasta sin cesar al espíritu entre los martillos de dos términos opuestos, abre el espíritu y lo vuelve a cerrar. Pero ahora el estrangulamiento ha llegado al
colmo, ya hace demasiado tiempo que padecemos bajo el yugo. El espíritu es más grande que el espíritu, las metamorfosis de la vida son múltiples. Como vosotros, rechazamos el progreso: venid, echad abajo nuestras viviendas. Que sigan todavía nuestros escribas escribiendo, nuestros periodistas cacareando, nuestros críticos mascullando, nuestros usureros deslizándose en sus moldes de rapiña, nuestros políticos perorando y nuestros asesinos legales incubando sus crímenes en paz. Nosotros sabemos –sabemos muy bien- qué es la vida. Nuestros escritores, nuestros pensadores, nuestros doctores, nuestros charlatanes coinciden en esto: en frustrar la vida. Que todos esos escribas escupan sobre nosotros, que nos escupan por costumbre o por manía, que nos escupan porque son castrados de espíritu, porque no pueden percibir los
matices, los barros cristalinos, las tierras giratorias donde el espíritu encumbrado del hombre se transforma sin cesar. Nosotros hemos captado el pensamiento mejor. Venid. Salvadnos de estas larvas. Inventad para nosotros nuevas viviendas.

Hector Viel Temperley - Hospital Británico

Los libros de Héctor Viel Temperley son: Poemas con caballos (1956), El nadador (1967), Humanae Vitae mia (1969), Plaza Batallón 40(1971), Febrero 72- Febrero 73(1973), Carta de Marear (1976), Legión Extranjera (1978), Crawl (1982) y Hospital Británico (1986) editado en Argentina por Par - Avi - Cygno.

Pabellón Rosetto, larga esquina de verano, armadura de mariposas: Mi madre vino al cielo a visitarme.
Tengo la cabeza vendada. Permanezco en el pecho de la Luz horas y horas. Soy feliz. Me han sacado del mundo.
Mi madre es la risa, la libertad, el verano.
A veinte cuadras de aquí yace muriéndose.
Aquí besa mi paz, ve a su hijo cambiado, se prepara -en Tu llanto— para comenzar todo de nuevo.
( Versión con esquirlasy "Christus Pantokrator") Pabellón Rosetto, larga esquina de verano, armadura de mariposas: Mi madre vino al cielo a visitarme.
Tengo la cabeza vendada. Permanezco en el pecho de la Luz horas y horas. Soy feliz. Me han sacado del mundo
Mi madre es la risa, la libertad, el verano.
A veinte cuadras de aquí yace muriéndose.
Aquí besa mi paz, ve a su hijo cambiado, se prepara -en Tu llanto- para comenzar todo de nuevo.
Hospital Británico
La muchacha regresa con rostro de roedor, desfigurada por no querer saber lo que es ser joven.
Llevando otro embarazo sobre las largas piernas, me pide humildemente fechas para una lápida. (1984)
Hospital Británico
¿Quién puso en mí esa misa a la que nunca llego? ¿Quién puso en mi camino hacia la misa a esos patos marrones —o pupitres con las alas abiertas—que se hunden en el polvo de la tarde sobre la pérgola que cubrían las glicinas ? (1984)
Hospital Británico
Voy hacia lo que menos conocí en mi vida: voy hacia mi cuerpo . (1984)
Pabellón Rosetto
Aquella blanca pared nueva, joven, que hablaba a las palmeras de una playa -enfermeras de pechos de luz verde- en una fotografía que perdí en mi adolescencia.
Pabellón Rosetto
Soñé que nos hundíamos y que después nadábamos hacia la costa lentamente y que de nuestras sombras de color verde claro huían los tiburones. (1978)
Pabellón Rosetto
Si me enseñaras qué es el verde claro... (1978)
Pabellón Rosetto
Es difícil llegar a la capilla: se puede orar entre las cañas en el viento debajo de la cama. (1984)
"Christus Pantokrator"
La postal tiene una leyenda: "Christus Pantokrator, siglo XIII".
A los pies de la pared desnuda, la postal es un Christus Pantokrator en la mitad de un espigón larguísimo. (1985)
"Christus Pantokrator"
Entre mis ojos y los ojos de Christus Pantokrator nunca hay piso. Siempre hay dos alpargatas descosidas, blancas, en un día de viento.
Con la postal en el zócalo, con Christus Pantokrator en el espigón larguísimo, mi oscuridad no tiene hambre de gaviotas. (1985)
"Christus Pantokrator"
La postal viene de marineros, de pugilistas viejos en ese bar estrecho que parece un submarino—de maderas y latas—hundiéndose en el sol de la ribera.
La postal viene de un Christus Pantokrator que cuando bajo las persianas, apago la luz y cierro los ojos, me pide que filme Su Silencio dentro de una botella varada en un banco infinito. (1985)
"Christus Pantokrator"
Delante de la postal estoy como una pala que cava en el sol, en el Rostro y en los ojos de Christus Pantokrator. (1985)
Sé que sólo en los ojos de Christus Pantokrator puedo cavar en la transpiración de todos mis veranos hasta llegar desde el esternón, desde el mediodía, a ese faro cubierto por alas de naranjos que quiero para el niño casi mudo que llevé sobre el alma muchos meses. (Mes de Abril de 1986)
Larga esquina de verano
Alguien me odió ante el sol al que mi madre me arrojó. Necesito estar a oscuras, necesito regresar al hombre. No quiero que me toque la muchacha, ni el rufián, ni el ojo del poder, ni la ciencia del mundo. No quiero ser tocado por los sueños.
El enano que es mi ángel de la guarda sube bamboleándose los pocos peldaños de madera ametrallados por los soles; y sobre el pasamano de coronas de espinas, la piedra de su anillo es un cruzado que trepa somnoliento una colina: burdeles vacíos y pequeños, panaderías abiertas pero muy pequeñas, teatros pequeños pero cerrados—y más arriba ojos de catacumbas, lejanas miradas de catacumbas tras oscuras pestañas a flor de tierra.
Un tiburón se pudre a veinte metros. Un tiburón pequeño —una bala con tajos, un acordeón abierto—se pudre y me acompaña. Un tiburón—un criquet en silencio en el suelo de tierra, junto a un tambor de agua, en una gomería a muchos metros de la ruta—se pudre a veinte metros del sol en mi cabeza: El sol como las puertas, con dos hombres blanquísimos, de un colegio militar en un desierto; un colegio militar que no es más que un desierto en un lugar adentro de esta playa de la que huye el futuro. (1984)
Larga esquina de verano
¿Nunca morirá la sensación de que el demonio puede servirse de los cielos, y de las nubes y las aves, para observarme las entrañas?
Amigos muertos que caminan en las tardes grises hacia frontones de pelota solitarios: El rufián que me mira se sonríe como si yo pudiera desearla todavía.
Se nubla y se desnubla. Me hundo en mi carne; me hundo en la iglesia de desague a cielo abierto en la que creo. Espero la resurrección espero su estallido contra mis enemigos— en este cuerpo, en este día, en esta playa. Nada puede impedir que en su Pierna me azoten como cota de malla -y sin ninguna Historia ardan en mí- las cabezas de fósforos de todo el Tiempo.
Tengo las toses de los viejos fusiles de un Tiro Federal en los ojos. Mi vida es un desierto entre dos guerras. Necesito estar a oscuras. Necesito dormir, pero el sol me despierta. E1 sol, a través de mis párpados, como alas de gaviotas que echan cal sobre toda mi vida; el sol como una zona que me había olvidado; el sol como un golpe de espuma en mis confines; el sol como dos jóvenes vigías en una tempestad de luz que se ha tragado al mar, a las velas y al cielo. (1984)
Larga esquina de verano
La boca abierta al viento que se lleva a las moscas, el tiburón se pudre a veinte metros. E1 tiburón se desvanece, flota sobre el último asiento de la playa—del ómnibus que asciende con las ratas mareadas y con frío y comienza a partirse por la mitad y a desprenderse del limpiaparabrisas, que en los ojos del mar era su lluvia
Me acostumbré a verlas llegar con las nubes para cambiar mi vida. Me acostumbré a extrañarlas bajo el cielo: calladas, sin equipaje, con un cepillo de dientes entre sus manos. Me acostumbré a sus vientres sin esposo, embarazadas jóvenes que odian la arena que me cubre. (1984)
Larga esquina de verano
¿Toda la arena de esta playa quiere llenar mi boca? ¿Ya todo hambre de Rostro ensangrentado quiere comer arena y olvidarse?
Aves marinas que regresan de la velocidad de Dios en mi cabeza: No me separo de las claras paralelas de madera que tatuaban la piel de mis brazos junto a las axilas; no me separo de la única morada—sin paredes ni techo— que he tenido en el ígneo brillante de extranjero del centro de los patios vacíos del verano, y soy hambre de arenas—y hambre de Rostro ensangrentado.
Pero como sitiado por una eternidad, ¿yo puedo hacer violencia para que aparezca Tu Cuerpo, que es mi arrepentimiento? ¿Puedo hacer violencia con el pugilista africano de hierro y vientre almohadillado que es mi pieza sin luz a la una de la tarde mientras el mar -afuera- parece una armería? Dos mil años de esperanza, de arena y de muchacha muerta, ¿pueden hacer violencia? Con humedad de tienda que vendía cigarrillos negros, revólveres baratos y cintas de colores para disfraces de Carnaval, ¿se puede todavía hacer violencia?
Sin Tu Cuerpo en la tierra muere sin sangre el que no muere mártir; sin Tu Cuerpo en la tierra soy la trastienda de un negocio donde se deshacen cadenas, brújulas, timones —lentamente como hostias— bajo un ventilador de techo gris sin Tu Cuerpo en la tierra no sé cómo pedir perdón a una muchacha en la punta de guadaña con rocío del ala izquierda del cementerio alemán (y la orilla del mar espuma y agua helada en las mejillas—es a veces un hombre que se afeita sin ganas día tras día).( 1985)
Larga esquina de verano
¿Soy ese tripulante con corona de espinas que no ve a sus alas afuera del buque, que no ve a Tu Rostro en el afiche pegado al casco y desgarrado por el viento y que no sabe todavía que Tu Rostro es más que todo el mar cuando lanza sus dados contra un negro espigón de cocinas de hierro que espera a algunos hombres en un sol donde nieva ? ( 1985 )
Tu Rostro
Tu Rostro como sangre muy oscura en un plato de tropa, entre cocinas frías y bajo un sol de nieve; Tu Rostro como una conversación entre colmenas con vértigo en la llanura del verano; Tu Rostro como sombra verde y negra con balidos muy cerca de mi aliento y mi revólver; Tu Rostro como sombra verde y negra que desciende al galope, cada tarde, desde una pampa a dos mil metros sobre el nivel del mar; Tu Rostro como arroyos de violetas cayendo lentamente desde gallos de riña; Tu Rostro como arroyos de violetas que empapan de vitrales a un hospital sobre un barranco. (1985)
Tu Cuerpo y Tu Padre
Tu Cuerpo como un barranco, y el amor de Tu Padre como duras mazorcas de tristeza en Tus axilas casi desgarradas. (1985)
Tengo la cabeza vendada (texto profético lejano)
Mi cabeza para nacer cruza el fuego del mundo pero con una serpentina de agua helada en la memoria. Y le pido socorro. (1978)
Tengo la cabeza vendada
Mariposa de Dios, pubis de María: Atraviesa la sangre de mi frente—hasta besarme el Rostro en Jesucristo (1982)—.
Tengo la cabeza vendada (textos proféticos)
Mi cuerpo—con aves como bisturíes en la frente—entra en mi alma. (1984)
El sol, en mi cabeza, como toda la sangre de Cristo sobre una pared de anestesia total. (1984)
Santa Reina de los misterios del rosario del hacha y de las brazadas lejos del espigón: Ruega por mí que estoy en una zona donde nunca había anclado con maniobras de Cristo mi cabeza. (1985)
Señor: Desde este instante mi cabeza quiere ser, por los siglos de los siglos, la herida de Tu Mano bendiciéndome en fuego. (1984)
El sol como la blanca velocidad de Dios en mi cabeza, que la aspira y desgarra hacia la nuca. (1984)
Tengo la cabeza vendada (texto del hombre en la playa)
El sol entra con mi alma en mi cabeza (o mi cuerpo—con la Resurrección—entra en mi alma). (1984)
Tengo la cabeza vendada (texto del hombre en la playa)
Por culpa del viento de fuego que penetra en su herida, en este instante, Tu Mano traza un ancla y no una cruz en mi cabeza.
Quiero beber hacia mi nuca, eternamente, los dos brazos del ancla del temblor de Tu Carne y de la prisa de los Cielos. (1984)
Tengo la cabeza vendada (texto del hombre en la playa)
Allá atrás, en mi nuca, vi al blanquísimo desierto de esta vida de mi vida; vi a mi eternidad, que debo atravesar desde los ojos del Señor hasta los ojos del Señor. (1984)
Me han sacado del mundo
Soy el lugar donde el Señor tiende la Luz que El es.
Me han sacado del mundo
Me cubre una armadura de mariposas y estoy en la camisa de mariposas que es el Señor—adentro, en mí.
El Reino de los Cielos me rodea. El Reino de los Cielos es el Cuerpo de Cristo—y cada mediodía toco a Cristo.
Cristo es Cristo madre, y en El viene mi madre a visitarme.
Me han sacado del mundo
"Mujer que embaracé", "Pabellón Rosetto", "Larga esquina de verano": Vuelve el placer de las palabras a mi carne en las copas de unos eucaliptus (o en los altos de "B.", desde los cuales una vez -sólo una ve- vi a una playa del cielo recostada en la costa).
Me han sacado del mundo
Manos de María, sienes de mármol de mi playa en el cielo:
La muerte es el comienzo de una guerra donde jamás otro hombre podrá ver mi esqueleto.
La libertad, el verano (A mi madre, recordándole el fuego)
Porque parto recién cuando he sudado y abro una canilla y me acuclillo como junto a un altar, como escondido, y el chorro cae helado en mi cabeza y desliza su hostia hacia mis labios, envuelta en los cabellos que la siguen. ( 1976)
Vengo de comulgar y estoy en éxtasis aunque comulgué con los cosacos sentados a una mesa bajo el cielo y los eucaliptus que con ellos se cimbran estos días bochornosos en que camino hasta las areneras del sur de la ciudad —el vizcaíno, santa adela, la elisa. (1982)
Por las paredes de los rascacielos el calor y el silencio suben de nave en nave: Obsesivo verano de fotógrafo en fotógrafo, ojos del Arponero que rayan lo que miran, Ser de avenidas verticales que jamás fue azotado. (1978)
Después íbamos al Africa cada día de nuevo—antes que nada, antes de vestirnos—mientras rugían las fieras abajo en el zoológico, subía un sol sangriento a sus jazmines, y nosotros nos odiábamos, nos deseábamos, gritábamos... (1978)
Instantes de anestesia, de lento alcohol de anoche todavía en la sangre de pie de una muchacha desnuda y más dorada que la escoba: Necesito aferrarme de nuevo a la llanura, al ave blanca del corpiño en la pileta de lavar, detrás de la estación y entre las casuarinas. (1984)
Tengo la foto de dos novios que cayeron al mar. Están vestidos de invierno, los invito a desnudarse. En las siestas nos sentamos junto a la bomba de agua y nos miramos: de nuevo embolsan luz los pechos de ella; él amaba a los caballos v una vez intentó suicidarse. (1978)
Necesito oler limón, necesito oler limón. De tanto respirar este aire azul, este cielo encarnizadamente azul, se pueden reventar los vasos de sangre más pequeños de mi nariz. (1969)
Y a las siestas, de pie, los guardavidas abatían la sal de sus cabezas con una damajuana muy pesada, de agua dulce y de vidrio verde, grueso, que entre todos cuidaban. (1982)
Yace muriéndose
Toda la transpiración de mi cuerpo regresará a mis ojos cuando muera el tambor en donde fui formado y hablé con El—como un niño borracho—entre sillas caídas, río crecido y juncos.
Todas las lágrimas de mi vida volverán a mis ojos; y por las hondas sedas de un pecho de caballo querré internarme, huír, refugiarme en mi casa de trozos esparcidos de ballenas: mi casa como cuerpo de varón recién nacido en el tórrido vientre del silencio. (1985)
Yace muriéndose
Nunca más pasaré junto al bar que daba al patio de la Capitanía. No miraré la mesa donde fuimos felices:
El sol como ese lugar bajo las aguas de un río de tierra y de naranjas donde antes de aprender a caminar miré a Dios como un hombre que sabe qué es la guerra. El sol como esas aguas de tierra y de naranjas donde sin extrañar la respiración, el aire, lo miré de este modo: "Recuerdo una victoria lejana (tantos salvados rostros que después nadie quiere recordarme) y estoy en paz con mi conciencia todavía". (1984)
Yace muriéndose
La dejé sobre un lecho de vincapervincas altas, frías, violáceas.
Por su final de arroyo, la herida de mi frente llora en las flores y agradece.
Yace muriéndose
Dentro de cuatro días llegará a Tu Océano con uno de mis soldaditos dormido sobre sus labios. Y se dirá, sonriéndome: "Es lo poco que hace que este hombre iba al centro del sol cada mañana con un puñado de soldados de plomo. Es lo poco que hace que en el centro del sol, cada mañana, su corazón era un puñado de soldados de plomo entre gallos"
Dormido sobre sus labios
Pequeño legionario, ¡cuánto viento! Pedacito de plomo, pedacito de Sahara: Vendrán veranos no obsesivos; pasarán los hijos de mis hijos. (1978)
Yo puedo hachar todo el día pero no puedo cavar todo el día. No puedo cavar en ningún lado sin estar esperando que aparezca de pronto un soldado de plomo entre mis pies desnudos. ( 1978 )
Para comenzar todo de nuevo
Es mi parte de tierra la que llora por los ciruelos que ha perdido.
Para comenzar todo de nuevo
El verano en que resucitemos tendrá un molino cerca con un chorro blanquísimo sepultado en la vena. (1969)

Beckett Acto sin palabras II

http://www.youtube.com/watch?v=sCf515excHA&feature=PlayList&p=1E1F954A973C07AB&index=9

Beckett

Obra Play de Samuel Beckett
Parte 1
http://www.youtube.com/watch?v=otjKETciw2c&feature=PlayList&p=1E1F954A973C07AB&index=3
Parte 2
http://www.youtube.com/watch?v=k330CflSVpA&feature=PlayList&p=1E1F954A973C07AB&index=6